Normalmente el dicho reza: gigante con pies de barro. Sin embargo, pudiera decirse que la democracia, en su estado actual, se acerca más a un gigante con cuerpo de barro, pero con pies de hierro. Cuerpo de barro y por ende frágil, pues en muchos países se cuestiona su vigencia, sus métodos, se le imponen limites, se desafía su autoridad, su eficiencia, su mecánica. Asimismo, agendas personalísimas de líderes “providenciales” y telegénicos amenazan sus principios, la acosan y les sirve como trampolín para el asalto al poder.