No volveremos a llamarlos, así. Prometido. Se molestan mucho. Les puede dar un infarto fulminante y lo último que queremos, es un cargo de conciencia por magnicidio. Xi Jinping, presidente de China, primera potencia mundial en producción y exportación de drogas sintéticas ilícitas; Vladimir Putin, megalavador de la avalancha de dinero sucio que genera el desgobierno gamberro de cierta republiqueta, que se atribuyó el remoquete de bolivariana; Erdogan, aliado de los cárteles del gallego Sito Miñanco y de sus pares de Sinaloa; el iraní Ebrahim Raisi, lavador redomado y si no nos creen, pregúntenle al testaferro “embajador”, a lo que iba cuando lo capturaron en Cabo Verde, vía Teherán; Daniel Ortega, asesino, pederasta, trampeador electoral, mediocampista en la distribución internacional de cocaína, entre otras depravaciones; Raúl Castro y su pelele, Díaz-Canel, (el par, anterior, no necesita de mayores presentaciones); el Gordito de Norcorea, falsificador de billetes, campeón narcolavador indiscutible del Lejano Oriente (Que no se me olvide incluir, en la lista, al más degenerado de todos).