De la quiebra institucional del país desde 1999, una marca sólida que perdurará en la historia será el envilecimiento de la institución electoral. Por definición, las elecciones no son parte del libreto de una dictadura. En las ocasiones en que dictadores se han atrevido a tal apuesta, han salido mal parados: Pinochet en 1988, la Junta Uruguaya en 1980, Pérez Jiménez en 1957. Pero la dictadura venezolana ha encontrado en las elecciones un medio para perpetuarse. Sin embargo, no puede arrogarse la exclusiva invención de ser una tiranía electoral. La oposición democrática también tiene derechos de autor en el asunto.