La oposición no ha encontrado una fórmula duradera de dirección quedando expuesta a las maniobras y manipulaciones de una usurpación que no le perdona el hecho de que exista, como si le fue perdonada la vida misma a esa ultraizquierda que varias décadas atrás intentara derribar al gobierno legítimo por las armas. En todo el siglo XX, los partidos que han reclamado el ejercicio de la democracia hasta el cansancio son los menos democráticos del mundo, pues dependen del capricho y del interés de sus propietarios por lo que no puede hablarse de líderes que actúan tras bastidores. No hace mucho, esos propietarios, incapaces de rendirles cuentas a nadie, eternizados en la jefatura partidista a pesar de los reiterados fracasos, después de pedir el cuello de los mandamases del Estado, se sentaron a negociar con estos antes de un 21 de noviembre de resultados que no les quedó más remedio que pactar, bajo el chantaje. Todavía nadie, absolutamente nadie de la prensa, ha logrado entrevistarlos libre y públicamente, por lo que sus ayudantes, carga-maletines y figurones de tercera, apenas balbucean algo mientras incurren en la desgraciada contradicción de acordarse con el enemigo que dicen combatir a ratos, puesto que en otros ratos diligencian el levantamiento de las sanciones internacionales.