Hacer política como trabajo no es nada distinto en relación con otros oficios, pues en todos se expresan las mismas destrezas sea un dirigente deportivo, empresarial, sindical, profesional o partidista. Todos necesitan poseer un sentido táctico y estratégico similar aunque, obviamente, adquieren una especificidad de acuerdo al ámbito. Sin embargo, los aciertos y, más aún, los defectos son más visibles en el mundo político porque está más desnuda la ambición por el poder. Por supuesto, la desnudez es publicidad, y en otros campos pueden esconderse las situaciones incómodas como, por ejemplo, en una federación deportiva, una empresa mercantil, una discusión de un contrato colectivo o un tribunal disciplinario de un colegio profesional. Esto no logra hacerse, completamente, en un partido político.