Es impensable, y una necedad, imaginarse cuál hubiera sido el destino de este régimen de no haber existido el coronavirus. Utilizar lo que se denomina ucronía, es decir, la reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos, es una diversión para sus aficionados y nada más, porque la realidad es inalterable, y nadie puede ejercer la política sobre fantasías que les quedan muy bien a quienes no tienen vocación por ella, pero la intentan, inescrupulosamente, como un negocio o, clínicamente, como una terapia para conocer la megalomanía. De modo que pisemos tierra y no hagamos de la pandemia un mito que la olvida como una realidad.