Por mucha vocación que el dirigente político tenga por otras materias, no puede obviar los problemas internacionales. Sobre todo, cuando se trata de la civilización occidental francamente amenazada por los más obscuros intereses planetarios en el que se mezclan los fundamentalistas religiosos con los defensores del comunismo que le dan soporte al tráfico ilícito de armas, estupefacientes, personas. Esto obliga a investigar, a reflexionar y a hacer causa común con aquellos movimientos que son decididos partidarios de la libertad, la democracia, los derechos humanos, la prosperidad económica, la defensa del medio ambiente, la búsqueda de soluciones al hambre y a la insalubridad.