En totalitarismo no hay vida, propiedad ni libertad. De la pedagogía de la ilegalidad se desprenden actuación, pensamiento, principios y valores negativos. El ecosistema criminal entraña una manera de comportamiento, de pensamiento y de expresión. Con sus propios papeles, valores, normas, que no requiere de personas ni líderes, sino que se va materializando con la actuación de quienes les toque jugar un rol, porque de otra forma sería una teoría abstracta. No nos planteamos ni por un un segundo tolerar y aceptar pasivamente a un régimen inhumanitario y monstruoso. Otros hablan tan tranquilos del año 24, con olvido de la usurpación que mancilla la dignidad nacional.