La represa geopolítica que construyo a partir de 1945 Occidente para preservar la paz e impedir la guerra exhibe una grieta. La presión causada por la caída del muro de Berlin ha logrado horadar la magnífica construcción que lleva la firma de insignes estadistas como fue el caso de Truman, Churchill, Eisenhower y De Gaulle. Dentro de la represa se agitan las corrientes del nacionalismo ruso, el autoritarismo emergente en Europa Oriental, la debilidad energética de toda Europa; el debilitamiento de Estados Unidos y la crisis económica generada por el COVID 19. Esas presiones pueden hacer estallar la represa destruyendo todo vestigio de civilización. De manera que es necesario taponar la grieta. Así lo señala Mary Mapes Dodge en su cuento Hans Brinker en el que un niño holandés colocó su dedo en un orificio de una represa salvando así a su país de una inundación devastadora.