Es indudable, la dolarización de facto en la economía venezolana ha representado un verdadero respiro para muchos sectores del país. Aunque desordenada y desigual, al dejar al margen a una gran parte de los venezolanos que no han logrado transformar sus ingresos en divisa extranjera; sin la dolarización no hubiese sido posible, por ejemplo, que los anaqueles de supermercados se abastecieran nuevamente, en gran parte con productos importados, pero también con producción de empresas venezolanas que vieron en esta “nueva etapa” de la economía nacional una oportunidad para producir sin las pérdidas que los controles de precios y las políticas inquisidoras del Estado les habían ocasionado durante años.