Nunca imaginó aquel hombre a quien la suerte le permitió ser presidente de Rusia al desmoronarse la Unión Soviética en 1991, las consecuencias que su decisión traería treinta años después. En efecto, un Boris Yeltsin medio alcoholizado escogió al antiguo funcionario de la KGB (la temible policía política rusa) como su sucesor. Vladimir Putin había sido un agente del espionaje ruso destacado en Alemania Oriental a quien la caída del Muro de Berlín lo sorprendió en Dresden. Apoyado en los elevados ingresos petroleros, Putin se propuso restablecer la supremacía de Rusia. Hay que recordar que la economía de Rusia tiene solamente dos industria claves, la petrolera y la armamentista.