Ya lo indicaba el profesor, Daniel Pennac en su libro Como una novela: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo ‘amar’…, el verbo ‘soñar’…” Y esto es cierto, por eso los procesos lectoescriturales deben desarrollarse, más que en ámbitos democráticos, en verdaderos espacios donde el sentido de la libertad, de la amorosidad y la felicidad sean el centro de toda experiencia de lectura significativa.