Por estos días, se cumplirán 30 años de la felonía del 4 de febrero de 1992, cuyo fracaso militar se convirtió en todo un éxito político aunque resulte paradójico. Abundarán – por supuesto – los halagos del régimen ante la fecha que Hugo Chávez siempre quiso equipararla a la del 5 de julio, por lo menos, hasta que ésta se olvidara, así como Fidel Castro impuso la del 26 de julio en recuerdo de un también frustrado asalto al Cuartel Moncada. Lo cierto es que Nicolás Maduro tratará de sacarle el jugo a la figura del barinés, pero – de un lado – olvidados absolutamente los protagonistas de aquella aventura, otros son los beneficiarios (¿dónde estarán Yoel Acosta Chirinos o Jesús Urdaneta?, porque de Arias Cárdenas de su feliz papel de segundón). Y – del otro lado – esa intentona militar transmutó, la otra paradoja, en la destrucción de las fuerzas armadas venezolana y cualquiera puede revisar la historia del siglo XXI para saber de las dimensiones de esa destrucción en un país bajo el dominio de los grupos terroristas y mafiosos.