Por supuesto que ha fallado la dirigencia -que nos ha representado- en las diferentes alternativas de cambio que hemos tenido para librarnos de este régimen de oprobio, en el curso de estos 23 años de azote y destrucción de una nación. No queda sino seguir insistiendo -los que estamos resteados desde el principio de esta tragedia con el rescate de las libertades- en la pedagogía política que apunte a la construcción de una ciudadanía orgánica, que sea consecuente con los valores inherentes a su estado y razón de ser, que responda a sus convicciones de naturaleza y se aleje del relativismo moral de un mundo líquido acomodaticio a cualquier cosa, como la posverdad, que contraviene la verdad y se ajusta a la mentira.