La nueva actualización del informe de la alta comisionada para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), trajo reacciones divididas, algo que no debe extrañar, dada la confirmación de realidades, que por cotidianas, para muchos no revisten gravedad alguna, mientras otros, desde la acera de enfrente, insisten en su nocividad.