Ángel Lombardi: El suicidio de la democracia

“Yo y mi partido mi partido y yo”, era una frase recurrente en el discurso de Jóvito Villalba, pero otros no lo decían, pero lo practicaban y se sigue practicando. No es democrático ni conveniente el liderazgo único e inamovible. La consecuencia inevitable es destruir al posible o posibles competidores por el liderazgo. Se anula el necesario relevo generacional, se propician divisiones, se evita el cambio interno y se propicia el culto a la personalidad y el sectarismo partidista. Está tradición se mantiene en nuestros partidos actuales y conspira para lograr una evolución de los mismos. Los partidos políticos son necesarios, pero no son los únicos actores de la política. La complejidad creciente de las sociedades y un mundo cada vez más interdependiente exigen cambios profundos en los sistemas políticos y de gobierno. 

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Author: Pablo Perez