El control del poder político para realizar actividades de narcotráfico se ha convertido en lamentable realidad en las Américas del siglo XXI con gobernantes que han transformado sus países en narcoestados. Para tener la impunidad, terminar con la democracia para detentar indefinidamente el poder es la seguridad que buscan los jefes de los narcoestados como en Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, pero donde la democracia da alternancia en el poder -como se prueba en Honduras- se puede separar el crimen de la política juzgando a los jefes de los narcoestados.