La sociedad venezolana en general, y los sectores democráticos opositores al actual régimen político en particular, tienen un parecido a la Torre de Babel. Todos hablamos, opinamos, discutimos pero no nos entendemos. La perversa conducta de la camarilla roja inoculó a nuestro cuerpo social una elevada dosis de tóxicos disolventes que hacen muy difícil lograr el dialogo, el encuentro y una convivencia básica, ordenada por reglas elementales que permitan encauzar de forma eficaz la lucha para el restablecimiento del estado de derecho en nuestro país.