Catorce años atrás, descarado y prepotente, Chávez se echó al coleto al Centro Comercial Sambil de La Candelaria, en Caracas. Apenas terminada la enorme edificación, relumbrante, en el centro de la ciudad capital, la expropió. No le importaron muchas cosas, es necesario decirlo, como que la inauguración del lugar que pudo generar numerosos empleos, y decimos “pudo” porque la economía no prometía nada, como quedó comprobado.