Los pueblos no tienen la culpa que por la fuerza sean sometidos por regímenes como el de este tiranillo, enajenado, ovárico y caciquejo, de enormes complejos existenciales, que ha borrado todo rastro de libertad en Rusia. Igual que en Venezuela, Cuba y Nicaragua, son camarillas enquistadas, que saquean las riquezas y la felicidad de sus habitantes.