En las naciones aparecen cada cierto tiempo seres anómalos que se convierten en pesadillas para sus países y, en algunos casos, para el planeta o, al menos, para sus vecinos. Aunque constituyen irregularidades, la lista es larga. Podrían llenarse algunos cuantos cuadernos con los nombres de los autócratas, déspotas, megalómanos e iluminados que se consideran predestinados para modificar el curso de la historia, reeditar antiguas glorias o alcanzar grandes objetivos que sus predecesores no pudieron lograr. Para cumplir ‘su misión’ cometen toda clase de desmanes y originan enormes desgracias.