Un hecho acaecido en agosto de 2000 es ilustrativo del sentir y actuar del sombrío ex KGB Vladimir Putin. El submarino nuclear ruso Kursk, con 118 tripulantes a bordo, luego de una explosión interna, quedó accidentado en el lecho del Mar de Barents. Con la esperanza de ser rescatados, los sobrevivientes enviaban angustiosos mensajes de auxilio. Las marinas de Suecia y Noruega, con los medios técnicos necesarios, ofrecieron reflotar la nave que se encontraba a solo 108 metros de profundidad.