El régimen del terror nos quiere mudos. Sería fascinante, para quienes sostienen la opresión más abyecta que hayamos vivido históricamente, que todos los venezolanos fuéramos una especie de aguanta callados. La verdad es que aguantamos demasiado. Pero callados, mudos, inertes, nunca. La idea de rebelarnos ante las injusticias propias y ajenas permanece en nuestro ADN y acabarla no le será nada, no ha sido, fácil a quienes se mantienen en el poder.