El 11 de abril de 2002 nos persigue, interfiere en nuestras vidas sin mostrar signos de fatiga. Nos ha dejado una marca indeleble. Arrastramos su impronta conscientes o no de ello, aunque a veces tengamos la ilusión de haber cerrado los episodios de esos días echándolos al olvido o creyendo haber saldado las deudas pendientes de entonces con perdones o reconciliaciones. Los efectos desatados ese abril continúan afectando la sociedad venezolana, suele pasar con las grandes conmociones históricas que siguen determinando por largo tiempo la existencia colectiva.