Un error frecuente en el “presentismo” vigente es pensar que podemos prescindir de nuestro pasado. Una persona, por mucho que cambie, siempre es el mismo en carácter y personalidad. Con mucho más fuerza esto se observa en la identidad colectiva, un venezolano nunca deja de serlo, válido para cualquier nacionalidad o identidad étnico-cultural. Somos universales como humanos, pero desde la particularidad cultural de cada uno; digo esto, por la pretensión acentuada de que vivimos “tiempos nuevos”, en términos fenomenológicos y tecno-científicos, sin lugar a dudas. Ya Tucídides lo formuló hace dos mil quinientos años: “La historia no se repite, pero el hombre siempre se repite a sí mismo” O la filosofía del “Gatopardo”: “todo cambia para que nada cambie”. En cada época y país sobran los ejemplos.