Nací y me crie en un pueblo muy relacionado con los militares. En mi natal San Juan de los Morros, en el estado Guárico, era normal ver los tanques que desfilaban escoltados por los soldados a caballo que formaban parte del cuartel Zaraza ubicado a la entrada del pueblo en el sentido de Villa de Cura a la capital guariqueña. Regularmente acudíamos a jugar cariberas de béisbol en un campo improvisado en los alrededores de la vieja casona conocida como La Mulera, en donde se refugiaba Juan Vicente Gómez después de darse sus medicinales baños termales. Ese inmueble fue restaurado y convertido en sede del Comandante de la Primera División de nuestra Fuerza Armada. También estaba el comando 58 de la Guardia Nacional en cuyas instalaciones participé, infinidad de veces, en cursos de formación para conocer la importancia de los recursos naturales de nuestra fauna y flora, para luego ir a sembrar de árboles el cerro Pariapán. Pero también resultan inolvidables los bailes ya que, tanto esos espacios, como los pertenecientes al Club Los Cocos, nos eran cedidos a los estudiantes para realizar nuestras verbenas pro fondos de nuestros actos de graduación.