Es más que descarada la técnica de la infiltración que se viene aplicando en el cuerpo de lo que se llama oposición en Venezuela. Fue una operación diseñada en Cuba y que tiene por fin primordial inocular los espacios ocupados por directivos que toman decisiones relacionadas con la agenda de acciones, tales como protestas, marchas, debates parlamentarios y agenda internacional. El propósito es estar al tanto de todo cuanto se discute y resuelve en los centros de poder de la oposición. Por lo tanto no hay plan o proyecto de acciones de los que no estén plenamente informados los cabecillas del régimen.