Nuestra poetisa, por lo que sintió y escribió, quedó abierta a la vida, desde sentimientos, que celebran la belleza y nunca se marchitan. Tenía el buen gusto de elegir, acertadamente, palabras de contenido sentimental y maduro para su expresión poética. Elegir y elegancia se acompañan, en significados dúctiles. Elige bien y desenvuelve la elegancia. Lo hace con palabras acendradas y en consonancia con lo que intuye y siente. Sentimientos, pensamientos y carácter en equilibrio griego. Hay dones, sueños y alegrías, en aprender a sentir, con belleza y estilo, lo que se siente. El estilo, en una mujer, es lo que expresa sin decirlo. Por un peinado, se conoce mucho, el corazón de una mujer. En otras, las manos, son como los ojos. Lo estético no es sólo cuestión de belleza, es premonitorio del saber sentir y la gracia de repetir, intuitivamente, lo que la vida tiene de buena, útil y grande. Los estrategas, en artes marciales, lo aprenden, con su carácter, en maneras y modos, distintos a como lo hace, con su corazón, una mujer. Las artes y las letras, la tecnología y la ciencia, la política y el derecho, contienen demasiados, horizontes por el tiempo y para la vida. No es el tiempo como condición de posibilidad de conocimiento, según Kant, sino el tiempo donde se revela y preserva, en actos, signos y metáforas, lo más importante de la vida. La poesía encripta divinamente, desde el tiempo, el alma. El tiempo nunca se pierde, cuando se ama, se vive honestamente, creativamente y útilmente. Escribir guarda el tiempo. Nuestra dama de las letras, con el epíteto que me gusta recordarla, es una de nuestras mejores escritoras, dónde se funden y fusionan la poesía, con sus más altos valores estéticos. Confieso que valoro más, en su obra, sus ensayos y un par de cuentos infantiles, que la posteridad sabrá lentamente descubrir y reconocer. Hoy la celebro desde su dimensión poética.