Elena Semechin creía haber superado los mayores obstáculos imaginables cuando subió al podio, en los Juegos Paralímpicos de Tokio, para recibir la medalla de oro de natación en la categoría de cien metros braza. Culminaba una historia de éxito y de superación personal que había empezado en su natal Kazajstán, cuando solo tenía siete años y perdió la visión a causa de una enfermedad hereditaria, la enfermedad de Stargardt.
La que había sido una niña juguetona y muy espabilada, había quedado aparentemente sometida por la mayor de las limitaciones, con solo el 2% de la visión, lo que significaba que apenas un poco de luz traspasaba su retina y que la ceguera la condenaba a una vida sin aspiraciones. Ella… Ver Más