El 11 de abril del 2002 surgió una esperanza convertida en la marcha más grande conocida en la historia venezolana; dos décadas después de este acontecimiento sigue una herida abierta para los venezolanos, porque nunca pudo valorarse el hecho como un acto colectivo, que absorbió en un pensar común el clímax de lo que prometió ser un inédito hecho histórico que logró la renuncia de Chávez, cuando apenas tenía cuatro años del infausto acontecer del régimen, hecho político que marcó para la historia un no deber ser, un galimatías que además de atolondrado se enraizó en un militarismo rancio, terco y vasallo de la bufonada que llamaron “socialismo del Siglo XXI”. No obstante, estos sucesos de abril de 2002 determinaron la marcha del sistema político en Venezuela, que lamentablemente no tuvo ruta ni llegada presunta, lo que marcó tal vez lo infausto del acontecer histórico.