Son las arterias de internet. 1,3 millones de kilómetros de fibra óptica resguardados en las profundidades de los mares y océanos que posibilitan el acceso a cualquier servicio online en apenas unos milisegundos. Los cables submarinos se han convertido en un activo crítico para el desarrollo de la sociedad digital de nuestros días, resiliente incluso a reveses como los meses de confinamiento en los que la red estuvo sometida a un estrés sin precedentes. El trabajo en remoto, la telemedicina, los contenidos en ‘streaming’ o las aplicaciones de realidad virtual salen adelante gracias a la existencia de estos tubos que pueblan el lecho marino y conectan continentes. Hay un dato revelador que da buena cuenta de su magnitud: hoy el… Ver Más