Con todas sus imperfecciones, en el mundo todavía libre circulan naturalmente las noticias que logran ocultar los regímenes autoritarios y totalitarios, siendo el de Putin el más osado. Rusia adentro, nadie llama guerra a lo que es guerra, corriendo el riesgo de una larga condena a prisión. El pretexto para cruzar las fronteras es el de desnazificar a Ucrania, como si los nazis la dominaran realmente y no las fuerzas democráticas que se resisten heroicamente a Moscú. Nadie en la Federación de Rusia se traga el cuento de que para destruir a los nazis, hay que acabar enteramente con Mariúpol a punta de artillería pesada, misiles y bombas. Aprovecharon de probar misiles a velocidad hipersónica, como el Kinzhal. Son personas, miles y millones de personas las que están aplastando, aunque no esperaban la formidable resistencia de los patriotas ucranianos que impiden el asalto final porque los “putineros” tendrán muchas y sofisticadas armas, pero resultaron anacrónicos en las tácticas y estrategias militares de acuerdo con lo que dicen los especialistas. Hay fuentes que advierten de un posible golpe de Estado en Moscú porque están movilizados los militares que creyeron que todo era pan comido al invadir. Putin los engatusó.