Se parecen en todo. Se fincan en la misma narrativa, desde luego con las peculiaridades de cada país, como por ejemplo los Castro, en la épica del manifiesto de Sierra Maestra firmado por Fidel, Raúl Chibás y Felipe Pazos; el chavismo en su chapuza golpista reconvertida en la frase “por ahora” y los sandinistas en su guerrilla artillada de sueños e ideales relacionados con César Augusto Sandino. Los tres procesos con sus atuendos que apelan a la muerte; en ninguna de esas revoluciones falta esa palabra fúnebre que tratan de combinar con vida, patria o victoria. Tampoco dejan de alardear de sus epopeyas y arrestos de coraje, conductas que se ven disminuidas o al descubierto cuando se les mira en transparencia su verdadero pelaje o catadura. Son los líderes de esas tales revoluciones unos grandes impostores.