En el siglo 18 Montesquieu publica su libro el Espíritu de las leyes y asume la necesidad de definir y dividir el poder en ejecutivo legislativo y judicial. Un poder dividido y con autonomía entre ellos. Era la respuesta a la monarquía absoluta con su perverso “el Estado soy Yo”, con el cual cada monarca se asumía y asumían y ejercía el poder. Sobre esta base del “control del poder” se abren paso en los últimos tres siglos los sistemas políticos identificados como república y democracia.