Quien reduzca el debate al ritornello de la falta de independencia y autonomía del Poder Judicial, le hace el juego a quienes manipularon el texto constitucional para que la Asamblea Nacional, usurpando el ejercicio directo de la soberanía popular, interviniera en la selección de los candidatos a magistrados del TSJ, siendo que su competencia exclusiva es la designación de dichos funcionarios.