Recientemente, se realizaron las elecciones estudiantiles en la Universidad Central de Venezuela, cuya importancia y referencia para el país está fuera de toda duda. Siempre este evento fue noticia, pues los candidatos se hacían presente en todos los medios de comunicación; y, ahora, apenas, podemos adivinar el nombre de uno o dos de los bachilleres electos para la federación o algún centro de estudiantes. Ni siquiera el régimen se tomó la molestia de torpedearlas, como hizo tiempo atrás con unos comicios parecidos la Universidad de Carabobo, porque los niveles de abstención fueron gigantescos y, en consecuencia lógica, los triunfadores de la tan clandestina consulta son ampliamente desconocidos en el ámbito universitario. Faltando el detalle, a los dirigentes salientes y los entrantes de los semestres más avanzados no se les vio ni por una remota casualidad protestando por el allanamiento de la sede universitaria con el pretexto de que remodelaban el recinto. Todavía estamos buscando el testimonio de protesta por la presencia y el paseo turístico que se dio Nicolás Maduro en la Ciudad de Carlos Raúl Villanueva, junto a su equipo de gobierno. La rectora y los presidentes de la FCU, la APUCV y demás gremios, tienen en su haber el silencio sepulcral que guardaron al violarse la autonomía universitaria. Y, por supuesto, toda la comunidad pasa factura.