Llueve a cántaros, llueve copiosamente con inusual intensidad. Es madrugada. Al fondo la ‘tronada’ acerca el chubasco. Es madrugada. Me levanto. Regreso a la cama y ya no duermo. Sigo sintiendo la intensa lluvia. Me obligo a dormir y cierro los ojos, pero los relámpagos retruenan y se acercan. Alumbran esta extraña oscuridad. Me doy cuenta que no son los truenos ni la lluvia lo que me impide dormir. Soy yo y mis pensamientos. Sigo pensando en mis apreciados amigos profesores universitarios que desesperan mientras esperan (esperamos) el mísero pago de la quincena. Las imágenes de centros universitarios abandonados, desolados, destartalados me asaltan el alma.