Qué cuenta Centroamérica

Experta como pocas en reflexiones sobre las palabras, sus etimologías, significados, usos y transformaciones, la querida antropóloga Diane Nelson, quien tituló un libro suyo Who Counts (¿Quién cuenta?), donde desmenuza las distintas acepciones del verbo contar: como sinónimo de narrar o relatar; como acción de contabilizar o enumerar, y en su sentido de valoración, como persona que es tomada en cuenta, para conducir su investigación sobre la posguerra en este país. 

Hablo de esto porque se está llevando a cabo en Guatemala —capital del fundamentalismo—, el festival Centroamérica Cuenta, evento cultural que no solo abre la oportunidad para el intercambio y la reflexión, sino que hoy se constituye en potente performa política en contextos cada vez más dictatoriales y represivos. El hecho de organizar, divulgar y realizar una serie de actividades públicas desde miradas críticas, en condiciones adversas, donde predominan la mediocridad y la corrupción, es, en sí, un gesto político de resistencia, una demostración de valentía, una manifestación contundente de libertad y de rechazo a la imposición y la violencia.

Nos podemos preguntar entonces: ¿Qué cuenta Centroamérica? Y seguramente escucharíamos hablar sobre gobiernos que violan constituciones, imponen reglas a su medida, desfalcan al erario y destruyen a las instituciones construidas para satisfacer las necesidades de la población, como las universidades, los medios de comunicación, los servicios de salud y un largo etcétera. Pero también escucharíamos —quizá en otro tono y volumen— lo que cuentan quienes se oponen a las injusticias, denuncian los abusos, proponen y llevan a la práctica otras maneras de hacer política. Oiríamos las cuentas dolorosas que hacen quienes buscan a sus seres queridos, y las cuentas que les hacen pagar a los culpables de los crímenes de lesa humanidad. Centroamérica cuenta también —y mucho— como foco de rebeldía, como faro de búsqueda, como brasa de indignación.

¿Quién cuenta en Centroamérica?, o quién lleva la voz cantante sería otra pregunta pertinente. Una respuesta podría ser: los dueños de la finca, los empresarios, los altos mando de ejércitos, iglesias, bancos, los poderosos. Y sí, es acertado hasta cierto punto, pero no son los únicos, porque a la vez hay muchos miles de voces —desde la marginación y los espacios no hegemónicos— que hablan en sus idiomas para deliberar, para ponerse de acuerdo; voces irredentas que se niegan a obedecer a ciegas, a repetir plegarias y bendiciones; voces que exponen a los cuatro vientos sus propuestas emancipadoras. Son las voces que no lograron silenciar, y que se alzan para exigir justicia.

Contar es una gran responsabilidad, sea en su sentido de elaborar discursos, en el de rendir cuentas o en el de ser tomada en cuenta. En todos los casos, implica adoptar un posicionamiento político, ya sea para acumular poder para sí, o para construir bienestar común. Quizás si asumiéramos que para salir del atascadero es necesario contar con todas las fuerzas, con la confianza y el concurso de diversas organizaciones, las cuentas de Centroamérica podrían llegar a obtener balances más cercanos a la felicidad.

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Author: Maria Suarez