Está claro que el único y excluyente propósito que guía cualquier iniciativa de este régimen es sencillamente prorrogarse en el poder. Cuanto haya que hacer, cambiar o inventar, sin miramientos. Eso priva sobre el evangelio del profeta lenguaraz y su ya periclitado plan de la patria. También, si es preciso, sobre el modelo de sus ideólogos cubanos. Luego de más de veinte años han entendido que la economía liberal y el mercado son insumergibles, que la propiedad socialista de los medios de producción, invento del desocupado Marx, es una falacia, solo eficaz para engendrar pobreza.