¡Ánimo! juez Gálvez, ¡ánimo! Usted se convirtió en un obstáculo para que las huestes de la impunidad puedan actuar con el caudal de venalidad que los caracteriza. Impulsan ampliar la dictadura del servilismo claro, rampante y acrecentado. El credo es: “Para los grandes ladrones siempre encontrar perdones”. Defenderlos, protegerlos de quien descubra que llamarles “saqueadores” es ominoso para sus apariencias de dandis improvisados que realmente son saqueadores autorizados.
Lo demuestran claramente quienes, a usted, lo consideran como un obstáculo, una piedra en el zapato, y se lo quieren comer vivo y palpitante, para que nadie que quiera ejercer la justicia, de una forma independiente, frene esos aviesos planes. Qué triste. Hasta donde caímos como país.
Que le puede decir una ciudadana como yo, que lo admira por el bien que sus sentencias han hecho a Guatemala, defendiendo la independencia de poderes. Parece muy poco significativo escribirlo, pero alguien, como los millones que amamos a este país, nos afecta cuando vemos como algunos que hoy manejan poder, se burlan y abusan sin miramientos de la Constitución de la República y hasta se carcajean, como hienas en redil, cuando sus claques aprueban los robos más descarados.
Ante ese panorama de destrucción y abusos, queda usted como el adalid de los pocos que, entre todas las profesiones y todos los gremios no, venden su honestidad ni sus valores y de todos los que no queremos entregar a Guatemala a cualquier clase de totalitarismo. Mucho menos, al de las mafias poderosas e impunes.
Le aliento para que mantenga su presencia de ánimo. Aunque cavile las noches sobre ese sinnúmero de vejámenes de los que está siendo víctima y recibe la inamovilidad, la indiferencia y el clamor por una protección física más capacitada. En sus amaneceres puede recuperar sus convicciones, sus creencias y su fe, como hombre que se formó desde su hogar, sus estudios y su experiencia.
Hoy, su caso se asemeja a la vida de un venado perseguido por los chacales en una selva, donde los otros animales víctimas del acoso corren a refugiarse, porque los chacales y las hienas, muertos de hambre, están unidos para atacarlo. Su estrategia será cansarlo para después disfrutar de su maléfico banquete o se desencantarán porque su presa se les escapó. No claudique. Miles de guatemaltecos lo admiramos y le agradecemos.
Como ser humano de tanto valor, no desmaye ante el múltiple acoso de la espuria venganza, ni lo amilane esa múltiple persecución y acoso que se acrecienta después de su último veredicto. Esos cazadores demuestran ser los abanderados de quienes han predicado: “La justicia para todos, menos para nosotros” y se mantienen, por décadas, como titiriteros de múltiples abusos e injusticias. Cuídese mucho. Yo también le pido a Dios que lo proteja.