Arde Guatemala, arde en santa ira. Porque arde saber que hemos permitido que se instale aquí el reino de Alí Babá y sus cuatrocientos ladrones. Arde que estos cacos, que se dicen funcionarios, dejen de atender los graves problemas sociales que se acumulan, porque solo piensan en enriquecerse a costa de un pueblo ya esquilmado una y otra vez. Arde que supongan que con los miles de millones robados van a comprar, de nuevo, el voto de la mayoría de los electores en la próxima elección… y en la siguiente… ¡y en la siguiente también! Arde que crean que los ciudadanos no tenemos sangre en las venas, sino horchata y que por eso pueden apañar impunemente a los ladrones del erario. Arde saber que las más altas Cortes se prostituyen a la luz del día, amañando todo a favor de este régimen rapaz, sí, este del Pacto de Corruptos. Arde saber que tenemos una mayoría de diputados desconocidos que compraron su curul y que aunque no nos representan legítimamente, nombran a los magistrados, disponen de los dineros del pueblo y venden leyes al mejor postor. Arde constatar que no piensan reformar “las reglas de juego”, para mantenernos ad infinitum en esta democracia de fachada, para que el pueblo nunca esté realmente representado. Arde que muchos de quienes, por su acceso al conocimiento y a la información, debieran indignarse y luchar contra el sistema, se escuden en el “ya no hay nada que hacer” o hasta en la cínica aceptación de que “mejor malo conocido, que bueno por conocer”, incapaces de salirse de su cómoda y muchas veces no tan anónima complicidad…
En las elecciones del 2011, prometiendo farisaicamente “mano dura”, la parejita de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti sacó 1 millón 604 mil 472 votos, el 36.02 por ciento de los sufragios válidos “en primera vuelta”, contra 1 millón 16 mil 340 (22.82 por ciento) de Manuel Baldizón, su más cercano seguidor. El 41.16 por ciento de los restantes votos válidos se repartió entre otros ocho candidatos y un 11.89 por ciento de los votos totales fueron nulos. Tras pintar a Baldizón, con acierto, como una abominable amenaza para la salud de la sociedad, la estructura informal de liderazgo de la nación contribuyó a confirmar la preferencia inicial del electorado por Otto Pérez, quien ganó la presidencia con el 53.74 por ciento de los votos válidos de “la segunda vuelta”, que fueron el 60.64 por ciento de un padrón electoral de 7.3 millones, es decir, con el 32.6 por ciento de los votos potenciales. Ya en el poder, la dupla Pérez-Baldetti traicionó la confianza del electorado y por su avorazada corrupción (que evidenció la CICIG), la parejita está hoy en el bote, a la espera de que terminen los juicios enderezados en el ineficaz sistema de injusticia que contribuyeron a crear en su contra.
En las elecciones del 2015, asegurando no ser “ni corrupto ni ladrón”, Jimmy Morales sacó 1 millón 152 mil 394 votos, el 23.99 por ciento de los sufragios válidos “en primera vuelta”, contra 948 mil 809 (19.76 por ciento) de Sandra Torres, su más cercana seguidora. El 56.25 por ciento de los restantes votos válidos se repartió entre otros 12 candidatos y un 8.88 por ciento de los votos totales fueron nulos. Tras pintar ahora a Sandra, con acierto, como otra abominable amenaza para la salud de la sociedad, la estructura informal de liderazgo de la nación contribuyó a confirmar la preferencia inicial del electorado por Jimmy Morales, quien ganó la presidencia con el 67.44 por ciento de los votos válidos de “la segunda vuelta”, que fueron el 69.74 por ciento de un padrón electoral de 7.6 millones, es decir, con el 47 por ciento de los votos potenciales. Ya en el poder y “echando pan en su matate” (por haber desmentido su lema), Jimmy Morales también traicionó la confianza del electorado y tras expulsar a la CICIG, dio paso al inicio de una profunda regresión en el sistema de administración de justicia (Policía, Ministerio Público, Tribunales y Sistema Penitenciario), escapando del brazo de la Ley al correr ignominiosamente a refugiarse en la impunidad que le “concede” el Parlacen y asegurándose de que su sucesor fuera alguien que “le cubriera las espaldas” desde el Guacamolón.
En las elecciones del 2019, el ungido de Jimmy, Alejandro Giammattei, sacó solo 608 mil 83 votos, el 13.89 por ciento de los sufragios válidos “de la primera vuelta”, pero suficientes para “pasar a la segunda”. Sandra Torres, con 1 millón 112 mil 939 votos (25.42 por ciento) fue la triunfadora de la primera etapa. El 60.69 por ciento de los restantes votos válidos se repartió entre otros ¡17 candidatos! y un 13.14 por ciento de los votos totales fueron nulos. Se recurrió de nuevo a utilizar de “petate del muerto” a Sandra, como la abominable amenaza para la salud de la sociedad que sigue siendo y así, sin mucho entusiasmo, la estructura informal de liderazgo de la nación contribuyó a que escogiéramos a Giammattei como “el menos pior”. El ungido de Jimmy, entonces, ganó la presidencia con el 57.95 por ciento de los votos válidos de “la segunda vuelta”, que fueron el 61.84 por ciento de un padrón electoral de 8.2 millones, es decir, con el 35.8 por ciento de los votos potenciales. Ya en el poder, Alejandro Giammattei también traicionó la confianza del electorado y ha consolidado la profunda regresión del sistema de administración de justicia (Policía, Ministerio Público, Tribunales y Sistema Penitenciario), planificando desde ya también refugiarse en la impunidad del Parlacen y buscando asegurarse que su sucesor (o sucesora) también “le cubra las espaldas” a él desde el Guacamolón, como él lo ha hecho con Jimmy…
Conviene destacar varias tendencias en esta historia electoral reciente. En primer lugar, el sospechosamente lento crecimiento del padrón electoral (7.3 millones en el 2011, 7.6 en el 2015 y 8.2, en el 2019). Conforme a nuestra realidad demográfica, hoy hay unos 10.5 millones de guatemaltecos en edad de votar, pero el régimen no estimula el empadronamiento entre los jóvenes y ya no digamos, entre nuestros heroicos migrantes, pues sospecha, con razón, que mayoritariamente, representan votos potenciales “contra el sistema”. En segundo lugar, que una creciente proporción de los votos válidos en primera vuelta “se diluye” entre cada vez más “partiditos” que facilitan “el pase a segunda vuelta” del delfín del gobierno (41.16 por ciento entre 8 candidatos en el 2011, 56.25 por ciento entre 12 candidatos en el 2015 y 60.69 por ciento entre 17 candidatos, en el 2019). Sumando estos datos al “voto nulo”, estamos presenciando el creciente nivel de insatisfacción de los votantes: 53.05 por ciento en 2011, 65.05 por ciento en 2015 y 73.83 por ciento en 2019. Finalmente, que el ungido del gobierno necesita cada vez menos votos para “pasar a segunda vuelta”: 1.60 millones (36.02 por ciento) en el 2011; 1.15 millones (23.99 por ciento) en el 2015; y ¡0.61! millones (13.89 por ciento, casi lo mismo que los votos nulos, de 13.14 por ciento) en el 2019. Un buen “petate del muerto” (el “antivoto” de Sandra, por ejemplo) sella el negocio en la segunda vuelta, resultando en presidentes electos de decreciente legitimidad, con 2.3 millones de votos (32.6 por ciento del padrón) en el 2011; 2.7 millones de votos (67.44 por ciento del padrón) —la gente creyó en aquello de “ni corrupto ni ladrón”— en el 2015; y 1.9 millones de votos (35.8 por ciento del “deflatado” padrón), en el 2019. Hoy tenemos un presidente que fue apoyado, inicialmente, por ¡el 6 por ciento! de los guatemaltecos en edad de votar en el 2019…
Con estos antecedentes, no es de extrañar que la estrategia inicial de Timo Chenko para el 2023 fuera hacernos presentar a Sury como la abanderada del sistema, permitir la permanencia de Zandra como eficaz “petate del muerto” y propiciar la aparición de más “partiditos” (que ya se aproximan a las dos docenas). Clásico: Blanca Nieves y los siete enanos, enfrentando a la Maléfica. Esta “entente” se ha venido cocinando desde el 2020 mediante un oscuro y sucio “toma y daca” entre los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, hasta perfilarse “invencible” en el horizonte. Pero las ambiciones y las desconfianzas en esta cúpula malévola siempre han bullido bajo la superficie. Y ahora, las “divas”, incluyendo a Suguelito, “se están tirando los champús a la cabeza”. Ya “le volaron” la UNE a Zandra y a Sury la tienen “comiendo ansias”, con amenazas similares. Se inserta allí el conocido oportunista, servicial y cínico Negro Conde (¿o el Conde Negro?), esbozando un “estratégico Plan B”. Con la conciencia sucia, los gringos en la nuca, la prensa independiente en contra y sin haber nunca superado su impopularidad, Timo Chenko se siente acorralado, aunque ya tenga mucho pisto. Por eso, no hay que descartar que pase de las maquinaciones a los zarpazos. Que de manera cada vez más descarada, continúe intentando silenciar a la prensa, perseguir a los periodistas, a los fiscales, a los jueces… y a los otros operadores que “oliendo sangre”, empiecen a “bajarse del barco”. Que por último, empiece a eliminar de la contienda a quienes perciba como amenazas, incluyendo a la propia Sury y a Zandra, además de a Neto, a Roberto, a Edmond y, sobre todo, a Juan Chapín…
Es claro que el régimen está entrando a una etapa de crisis terminal, aunque no lo sepa o no lo quiera aceptar de frente. Si Guatemala no corrige el rumbo, una abierta anarquía está a las puertas; y tras esta, una dictadura, de derecha o de izquierda, sin garantía de que esa competencia de fanatismos se resuelva sin derramamiento de sangre. Y sin embargo, siete de cada diez guatemaltecos no quiere ni lo uno ni lo otro. Por eso, la estructura informal de liderazgo de la nación tiene que involucrarse desde antes en el próximo proceso eleccionario. Estar preparada para orientar al votante y organizarse para fiscalizar y defender el voto, y si es necesario, para organizar la Resistencia Civil. Debe, en primer lugar, orientar al pueblo para salirse de “la trampa del menos pior”. Debe, luego, escudriñar lo rescatable en nuestro maltrecho y subdesarrollado sistema de partidos políticos y presentarle opciones decentes al electorado. Debe, en suma, rescatar a la Patria de esta debacle en cámara lenta. Podemos hacerlo, ciudadano. Otros pueblos se han sacudido otras dictaduras aún más terribles con el sacrificio y la entrega de sus hijos. No podemos negarle ese esfuerzo a Guatemala. Los números están con nosotros. Tenemos que crear un tsunami de votos conscientes. Sí, no lo dude: un nuevo amanecer se aproxima. Rescataremos a la Patria, ciudadano. Construiremos un mejor futuro. Guatemala logrará, más temprano que tarde, ser una Auténtica República Democrática… ¡ARDE!