El resultado electoral en Colombia es el más claro signo del fin de una época que ha durado 500 años en América Latina. Esta época es la del orden medieval. El pueblo de Colombia ha dicho de manera muy clara que prefiere ser gobernado por figuras distintas a las elites del orden medieval. Porque desde que los españoles pusieran pie en la región se vinieron con ellos las instituciones del Medievo Europeo cuya manera de sobrevivir se basaba en la extracción de renta y de gobernar en los acuerdos entre cúpulas de corporaciones (léase empresas, sindicatos, instituciones gubernamentales y establecimientos educativo-culturales). Esas instituciones sobrevivieron los traumas independentistas, así como los intentos de crear repúblicas. Y a juzgar por los resultados estos intentos solo echaron raíz en Costa Rica; Uruguay y Barbados, países con un sector clase media grande y establecido; con el predominio del imperio de la ley para todos los ciudadanos y con éxito en la creación de riqueza. El resto continúa operando sobre la base de la lógica del medievo que imponía el control de la ciudadanía y de la creación de riqueza por parte de un estado todopoderoso que es operado por las cúpulas de las corporaciones modernas cuyos miembros las explotan para beneficio propio en detrimento de lo que los demócratas cristianos denominan “el bien común” o Adam Smith “la búsqueda individual de la felicidad”.