Los venezolanos hemos sido sometidos en la última década a una sensible reducción de nuestra calidad de vida como resultado de un proceso progresivo de destrucción de la economía nacional. La situación ha llegado a la categoría de tragedia humanitaria por los devastadores daños infringidos a millones de seres humanos. Centenares de miles de personas fallecidas por la precariedad de los ingresos familiares, hasta el punto de generar hambre y enfermedades, ante las cuales el colapsado estado de hospitales y medicaturas elevan el daño.