Imagine este paraíso: todos los diputados dan el marco de todo aquello que se puede hacer y no se puede hacer, es decir, nos rigen la conducta para garantizar paz social y bien común de manera transparente y sin interés particular alguno; el Ejecutivo administra la cosa pública para el bienestar de todos sin interferencias ni discriminación, con el fin superior que es el bien de todos; el Judicial funciona para que nadie se salga del marco de la ley, para que el Ejecutivo no abuse de su poder. El sistema de justicia es valorado como el último valladar protegiendo al pueblo si los otros poderes llegaran a cometer arbitrariedades… Suena bello, ¿no?, pero tan lejano que hasta da una risa tierna.
Demasiado se ha dicho que, si se pierde el Organismo Judicial, se pierde la última frontera; si se pierde la batalla de la independencia del sistema de justicia, se pierde la guerra por la paz y la seguridad social. O sea que la independencia, legitimidad y transparencia de los poderes del Estado garantiza, en gran medida, una democracia auténtica y eficaz.
¿Cuál es la función y comportamiento en la época actual de un juez? ¿Qué papel juega un verdadero juez en una sociedad como la nuestra? ¿Qué cualidades serían indispensables para ser un buen juez? Las respuestas son claras:
Los jueces son el soporte de la credibilidad del sistema judicial; urgen de integridad, transparencia, conciencia funcional e institucional; son los glóbulos blancos de un sistema colegiado de honradez. En ellos está salvaguardar la vocación de servicio y garantizar independencia, libertad, objetividad, imparcialidad, capacidad y criterio. O sea, están llamados a administrar justicia con honestidad y transparencia. Un juez debe ser sensible y tener profundo conocimiento de las relaciones humanas. La lealtad con el espíritu de la ley es requisito indispensable de su profesión.
Los jueces íntegros son como los grandes centinelas de la vida pacífica en sociedad. Por eso, si se corrompen, amenazan directamente ese fin social.
Los jueces tienen que velar por los derechos fundamentales de los ciudadanos frente a abusos de poder y violaciones a la ley muchas veces por los propios gobernantes; los juzgadores se tornan realmente en celadores del orden constitucional. Son quienes resguardan en última instancia el Estado de derecho. Si ellos no realizan esa función, eso significa que la última batalla será perdida. Porque son, por decirlo así, la “última muralla” antes de que se pierda todo.Insólito y muy doloroso es ver cómo jueces valientes, entre ellos el intachable juez Gálvez, estén en alto riesgo y tengan que salir del país, defenderse de denuncias infundadas en su contra, evidenciar hostigamiento y revelar persecución (fake, nets, desinformación, páginas falsas, montajes, amenazas). No cabe duda de que hay una fuerza oscura que pretende derrumbar ese “obstáculo” final para liberar el infeliz tránsito hacia la oscuridad. ¿Noche eterna?