Un dicho popular dice que odiamos lo que más tememos. En este día que se celebra la disidencia sexual, simplemente porque existe, porque es una más de las formas de conectar el cuerpo con la vida, con el amor y con el entorno, me surge esa pregunta. ¿Por qué odiamos o tememos tanto lo que nos recuerda que podemos elegir?
Pienso que la decisión humana tan manipulada como lo es el deseo, el sueño de éxito y de plenitud, se pone en jaque cuando se confronta con un “no deber ser”, la subjetividad que construye nuestra intimidad y nuestras fantasías de placer.
Me refiero al hecho de que cuando nos ponemos en contacto con algo que nos han enseñado a repeler, de alguna manera se activan mecanismos de defensa, para que eso catalogado como perverso o pervertido no tenga cabida en nuestra comprensión de la normalidad y menos en lo que es permitido aceptar en nuestro entorno y nuestras vidas.
Bien dice la canción ‘Mujer contra mujer’… nada tiene de especial dos mujeres que se dan la mano, a menos que lo hagan bajo el mantel. Y porque en esa experiencia de esconderse también hay miedo… me pregunto, ¿a quién le interesa construir todo ese halo de miedo alrededor del amor/placer/comunidad que se hace desde distintas maneras.
Este modelo que requiere controlarnos para mantenernos en estado de pasividad y terror, siguiendo la inercia del modelo reproductivo de fuerza de trabajo, que el mercado requiere para que los ricos acumulen más, se ha metido en nuestra manera de pensar, pero no ha logrado meterse en nuestra esencia de ser. Aunque muchas personas piensen que es pecado o aberrante sentir atracción a personas del mismo sexo, hay quienes sienten esa química a pesar de que el mandato diga lo contrario y “lo prohíba”.
De allí se derivan los miedos construidos históricamente y transmitidos en los procesos de educación. Tanto los miedos de quienes se sienten con la obligación de poner en orden, juzgar e imponer cómo deben de vivir todas las personas, el mundo, aunque no estén en concordancia plena con lo que predican. Pero también está el otro miedo, el que obliga a algunas personas a la doble vida, por el miedo a la sanción y rechazo social, a la violencia correctiva, al desamor y abandono familiar.
Es este día del orgullo, yo quiero que todas las personas nos atrevamos a pensarnos completamente libres, aunque sea por un momento. A considerar nuestros gustos, nuestras fantasías alrededor del tipo de vida que queremos. Hoy por lo menos, quisiera que todas las personas soñemos sin miedo.