De inspiración a espiración

Nuestros ancestros australopitecos tenían una nariz plana con entrada de aire frontal, similar a otros primates actuales, como gorilas o chimpancés. Con el tiempo, nuestra nariz cambió, formando un tabique externo y orificios nasales verticales, mirando hacia abajo. Esta novedosa nariz ya era aparente en abuelos más recientes, como el Homo erectus hace 1.6 millones de años.

Nuestra particular protrusión nasal no fue casual, cumplía una función vital: Al entrar con un ángulo de 90°, el aire se humidifica en mayor medida al maximizar su contacto con las membranas mucosas. Sin esta particularidad, el árido aire de la sabana africana habría secado rápidamente nuestros pulmones, limitando nuestra capacidad aeróbica. En la espiración, ese mismo recorrido retorcido permite recapturar la propia humedad corporal, minimizando la pérdida de agua. Nuestra nariz fue una de las muchas adaptaciones que nos otorgaron una ventaja diferencial respecto a otros animales: caminar largas distancias sin descanso.

Hemos evolucionado para respirar por la nariz, pero más de la mitad de las personas respiran por la boca, y las consecuencias son desastrosas. La forma en que respiramos es una de las cosas que más influye en nuestra vitalidad y serenidad. Como es una función que controlamos completamente con nuestra voluntad, es esencial saber cómo respirar y cómo controlar y ejercitar nuestra respiración. Entre los muchos beneficios de hacerlo bien están que procura calma interior, limpia el organismo y ayuda al dominio de la mente.

Además de su papel termorregulador y humidificador, la nariz actúa de filtro, bloqueando bacterias y partículas contaminantes. Además, la respiración nasal aumenta la producción de óxido nítrico. Este gas saltó a la fama en 1992 por aparecer en la portada de la revista Science, con el reconocimiento de molécula del año. Poco más tarde, el premio Nobel de Medicina recayó en los investigadores que demostraron su importante función en la salud cardiovascular.

Para respirar correctamente, la primera condición es tener la capacidad de usar la totalidad de los pulmones. La inspiración comienza en la parte alta del pecho (al principio de la garganta, entre las clavículas) y termina en la parte baja de los pulmones, cuando al inflarse de aire mueven el diafragma y se abulta el estómago. La espiración lleva el recorrido inverso.

Una vez que podemos utilizar toda nuestra capacidad pulmonar, debemos aprender a respirar siguiendo tres fases sucesivas: la torácica superior, la intermedia que expande las costillas y la baja que expande el diafragma.

Tomar conciencia de la respiración por la nariz es un acto sencillo que mejora el control sobre el cuerpo. Cuando falla, se pierden varias funciones como la protección ante el medio ambiente, pues la respiración nasal pone en marcha el sentido olfativo, que avisa de si el entorno es saludable o no y de si debemos o no permanecer en él.

Es especialmente importante corregir la respiración durante los primeros años de vida, principal periodo formativo de la boca. La respiración bucal es también un factor de riesgo en el desarrollo de asma, además de perjudicar la capacidad aeróbica y cognitiva, interfiriendo adicionalmente con la correcta activación del diafragma. Por último, respirar por la boca induce a respirar de más. La mayoría de las personas hiperventilan, y esto aparece asociado a trastornos como el asma o la enfermedad coronaria.

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Author: Maria Suarez