Hoy quiero hablar de los psicólogos y psiquiatras, que son dos tipos de profesionales que se ocupan –o pretenden ocuparse– de la salud mental de las personas. Ambas son carreras distintas, aunque tienen muchos entrecruzamientos y puntos de contacto. Los psicólogos no son médicos, y su formación tiende a ser más amplia en cuanto a la comprensión de las dinámicas del comportamiento que la de los psiquiatras, quienes tienen en su haber una formación médica previa y se especializan en el manejo farmacológico de las patologías mentales. En términos simplistas, yo diría que los psiquiatras tienden a considerar y a tratar sobre todo la sintomatología de los pacientes, y los psicólogos intentan establecer más bien un vínculo de comprensión y de orientación con respecto a la manera como las personas construyen y manejan sus pensamientos y emociones. Ambas profesiones son complementarias.
Sin embargo, como en toda actividad, en ambas disciplinas se encuentran buenos, regulares y malos profesionales, así como una clientela variopinta que se ajusta mejor a unos, pero no a otros, ya sea por afinidad personal, por eficacia o por estatus social. Al final, es como todo en la vida: de la calidad del encuentro entre los profesionales de la salud con los pacientes es que surgirá, o no, un vínculo de calor humano y de confianza entre ambas partes, o bien, una relación fría y aséptica que no ayudará al buen resultado de los tratamientos y procedimientos que se apliquen. El establecimiento de un buen “rapport” juega un papel decisivo en el éxito tanto de los tratamientos farmacológicos como en el de los procedimientos psicoterapéuticos.
¿Qué factores elevan la calidad de estos “misioneros del alma”, como algunos los llaman? En mi opinión, pienso que la edad, o más bien la experiencia, es uno de ellos. Si no se ha vivido lo necesario para acumular no solo conocimientos técnicos, sino competencias de escucha y de comunicación, la relación puede deteriorarse. Otro elemento relacionado con el anterior es el haber vivido y el haber superado algunas experiencias dolorosas o traumáticas tales como separaciones, muertes, enfermedades, desencantos, etcétera. Otra condición, para mí fundamental, es que se tenga una cultura amplia, y que sean buenos lectores de literatura. En toda profesión, la adquisición de una cultura literaria forma seres mucho más inteligentes, sensibles y completos que los que no leen, y esto es aún más cierto entre psicólogos y psiquiatras. Y, por último, es bueno que tengan sentido del humor y puedan ayudar así a relativizar y a desdramatizar los problemas, porque la clave de su superación está en la capacidad que tengamos de tomar distancia para encontrar opciones más eficaces.