El espacio para nuevas narrativas

“No hay que quemar libros para destruir una cultura. Basta con lograr que la gente deje de leer”. A esto apuntan dos años con niños y jóvenes sin acceso a la educación, así como la imposibilidad de organizar la Feria del Libro de Guatemala (Filgua) debido a gestiones de la Cámara de Industria para controlarla. Pero no está garantizado el cumplimiento de esta profecía de Ray Bradbury, autor de Fahrenheit 451, libro que describe una sociedad autoritaria y alienada, donde se queman libros. 

La realización del conjunto de presentaciones y conversatorios que han sido parte del recién realizado festival de la lectura, Centroamérica Cuenta, demuestra cómo la literatura es capaz de liberar el espíritu e impedir la asfixia que busca imponerse en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. La literatura y la interpretación de la historia son narrativas que pueden favorecer el cambio. Lo hizo El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, un retrato soberbio de los rasgos más llamativos de las dictaduras de antaño. Fue materia prima la alucinante historia del dictador Estrada Cabrera, contada en ¡Ecce Pericles! por Rafael Arévalo Martínez dos años antes. 

Tiempos recios de Vargas Llosa demolió el mito conservador de que el gobierno de Jacobo Árbenz fue una dictadura comunista, y la magistral obra La esperanza rota, escrita con absoluto rigor histórico por Piero Gleijeses, nos proporcionó un conocimiento preciso y exacto de esos tiempos. 

Las historias y sus interpretaciones pueden generar tempestades, y no solo en el ámbito político. El premio Nobel de Economía, el estadounidense Robert Shiller, ha explicado cómo diversas narrativas, muchas no originadas en libros y en ocasiones falsas, pueden adquirir una dimensión viral y provocar serios cambios económicos. El bitcóin lo ilustra, promovido con base en un modelo matemático, un misterioso personaje y el anarquismo. La capacidad de contagio de estas narrativas depende del interés humano que generan y de sus vínculos con personas conocidas, temas patrióticos o la identidad. El acceso a espacios para reproducirlas es fundamental. 

El árido espacio político guatemalteco no auspicia nuevas narrativas, pero sí hubo varias en Centroamérica Cuenta. Recibieron atención desde los derechos humanos hasta el cine, pasando por la censura, la justicia y la memoria. Hubo narrativas optimistas. Nona Fernández, escritora chilena invitada al evento, expresó lo siguiente: “Yo vengo de una burbuja de optimismo e ingenuidad que se está elaborando en el sur… Quisiera regalarles un poco de ese optimismo… Algo pasó, algo se articuló, los movimientos sociales comenzaron a trabajar, el feminismo fue clave, la voz de nuestra juventud fue clave, la lucidez de nuestra juventud fue clave, y estamos en un proceso histórico que jamás en mi vida pensé vivir… Hay momentos de luz y quiero regalarles un poco de esa luz”. Aires provenientes del sur anticipan el fin de nuestra asfixia.

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Author: Maria Suarez