El hoyo de la deuda pública

Decía ayer uno de nuestros queridos columnistas que “la inflación es como orinarse en la cama”. Es decir, citándolo textualmente, “al principio se siente rico, pero rápidamente se convierte en un desastre”. Simpática forma de referirse a la pérdida del poder adquisitivo de una moneda como consecuencia de la emisión desmedida de dinero sin respaldo. En este mismo tenor literario, el endeudamiento público para financiar gastos de dudosa justificación es como defecar en la vía pública: es decir, los políticos usan el dinero público para financiar sus particulares objetivos mientras obligan a los demás a tener que aguantar la pestilencia e inmundicia de la corrupción de sus actos. Lo poco decoroso de estas dos metáforas no debe distraer la atención de nadie. El objeto de estas es llamar la atención de lo pernicioso que resulta endeudar a un país con el único objetivo de favorecer intereses personales o asegurarse la lealtad de determinados grupos de presión. El mayor riesgo que afrontamos es la falta de un marco de referencia económico para juzgar los límites de lo que podría y debería financiarse mediante el endeudamiento público y creer que todo se reduce a contar con los votos necesarios en el Congreso. Mientras se cuente con el apoyo político para aprobar las ampliaciones presupuestarias y los nuevos empréstitos, pareciera que cualquier tipo de gasto es igualmente justificable.

Por razones totalmente distintas a las que argumentaba Keynes, poco falta para llegar al punto en el cual se haga realidad su famosa frase de que con tal de que el Gobierno gaste, no importa si lo hace “pagando por abrir hoyos en la tierra y pagando por volverlos a llenar”, extremo que un meme relativo al hoyo en el kilómetro 15.5 de la CA-9 Sur retrató perfectamente. En la imagen en cuestión, dos funcionarios dirigen su mirada a dicho hoyo y uno le dice al otro: “Aunque no lo creas, de este agujero va a salir pisto”. Literalmente, el extremo keynesiano: históricamente se ha gastado en infraestructura vial que termina convirtiéndose en hoyos y luego se vuelve a gastar en rellenarlos. Utilizar la deuda pública para financiar proyectos inútiles o gastos con nula rentabilidad social termina siendo un acto fallido desde la perspectiva económica y social, tal como está quedando demostrado cada nuevo día con el colapso de la infraestructura vial del país o con el tipo de prebendas que se otorgan a grupos de presión.

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Author: Maria Suarez