Me parece que Benjamín Labatut escribió La extracción de la piedra de la locura abrumado por el peso de la historia. No es para menos. Piensa que las grandes narrativas fracasaron porque no explican lo que vivimos en pleno siglo XXI. Tiembla, Labatut, ante la avalancha de novedades que ve llegar a tal velocidad que la “irrupción de lo nuevo es un proceso traumático”. Y que esto se produce “mientras los poderes políticos y económicos nos apalean ante la sumisión”. Dice Vila-Matas que el texto de Labatut es philipdickensiano y que confirma a Emmanuel Carrère: “Vivimos en el mundo que imaginó Philip K. Dick”. Esto no es de extrañar ya que solo podemos ver y construir lo que ya sabemos de alguna forma. Aunque esos saberes, es verdad, se “remasterizan” y ganan profundidad con el tiempo. Recuerdo una visita de Umberto Eco, a Maracaibo donde, con cierta euforia, afirmó que el hombre estaba convirtiendo en realidad las cosas que había imaginado y creo que en eso estamos. De modo que la historia siempre ha sido una avalancha que, cuando se nos viene encima, gritamos de puro espanto o asombro. Ya le pasó a Fukuyama y sentenció enseguida el fin de la historia a la Caída del Muro, o a los que padecen la dictadura del proletariado en nuestro continente, ni qué decir del dramatismo justificado de Zweig que, viendo el fin de su mundo, prefirió despacharse por cuenta propia. O pensemos en el terror de quienes vivieron la peste negra (1347-1353) que arrasó con buena parte de la población europea.